
El alma de Chico Che revive en el Festival Ceiba 2026
Tabasco vibra en un abrazo de nostalgia
Bajo el cielo de Villahermosa, la leyenda de Francisco José Hernández Mandujano se transformó en una sinfonía que conectó el pasado con el presente, demostrando que su música no solo es ritmo, sino el latido mismo de un pueblo.
En un encuentro místico entre lo popular y lo sublime, Chico Che Chico, junto a la Banda Sinfónica del Estado y voces hermanas como Silvia Priego y Pedro Calvo, despertó recuerdos dormidos en una noche donde las lágrimas de emoción se fundieron con la alegría del baile.
Hay noches que se quedan grabadas en la piel, y la segunda jornada del 19vo. Festival Cultural Ceiba 2026 fue, sin duda, una de ellas. La Plaza de Armas no fue solo un recinto; se convirtió en el santuario de la identidad tabasqueña, un lugar donde el "Raíz, legado y encuentro" dejó de ser un lema para volverse una realidad palpable en cada abrazo y en cada paso de baile compartido por familias enteras.
La elegancia de los metales y las cuerdas de la Banda Sinfónica del Gobierno del Estado elevó las canciones de Chico Che a una dimensión celestial. Chico Che Chico, con la voz cargada de herencia, guio al público por un viaje a través del tiempo, reafirmando que el patrimonio de un estado se construye con las melodías que nos hicieron crecer.
Desde que sonaron los acordes de "Qué culpa tiene la estaca", el aire se llenó de una energía mágica. Al llegar himnos como "Quién pompó" y "Dónde te agarró el temblor", la multitud no solo cantaba; celebraba su propia historia. Era el homenaje colectivo a un hombre que logró que el color del trópico fuera reconocido en todo el mundo, uniendo a los tabasqueños en un solo sentimiento.
El momento más íntimo de la noche llegó cuando Roberto Carlos Hernández Rodríguez, con el corazón en la mano, recordó la promesa hecha a su hermano mayor, Francisco José, recientemente fallecido: mantener viva la llama de su padre. En ese instante, Chico Che Chico no era solo un artista, era un hijo cumpliendo un sagrado deber de amor.
"Hoy veo a los abuelos que enseñaron estas letras a sus nietos. Ese es el triunfo de mi padre sobre el tiempo: seguir vivo en el amor de sus familias", confesó Roberto, provocando una ovación que resonó como un trueno de gratitud en toda la ciudad.
La magia se multiplicó con la presencia de Silvia Priego, cuya sensibilidad tabasqueña acarició el alma de los presentes, y el sabor cubano de Pedro Calvo, quien con "Guantanamera" y "El Africano" recordó que nuestra música es un puente de hermandad que cruza los mares. Fue un mosaico de talento unido por el respeto a un legado gigante.
Al contemplar la majestuosidad de la Banda Sinfónica acompañando los ritmos tropicales, Chico Che Chico resumió la noche con una frase que quedó suspendida en el aire como una verdad absoluta.
"Lo sinfónico es para los grandes, y mi padre siempre tuvo la grandeza de su pueblo", afirmó, con la mirada puesta en las estrellas.
Cerca de la medianoche, las luces se apagaron, pero el calor humano permaneció. Fue una velada de reconciliación con nuestras raíces, donde la música de Chico Che demostró que no es un recuerdo del ayer, sino una fuerza viva que nos define y nos hace vibrar de orgullo por ser quienes somos.
El Festival Cultural Ceiba 2026 ha regalado a Tabasco una noche para la eternidad; una prueba de que cuando el arte toca la fibra de la identidad, el pueblo no solo observa, sino que se reconoce y florece con la alegría de saber que sus leyendas jamás morirán.
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Alejandra Peralta .
Mexicana de 28 años. Me gusta la lectura, viajar y disfrutar de la vida.
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