
Atlante tumba invicto de 10 partidos a Cruz Azul
Potros de Hierro derrotan al campeón vigente
El Coloso de Santa Úrsula fue testigo de un terremoto futbolístico. El invicto inquebrantable de diez batallas de la Máquina de Joel Huiqui se hizo añicos ante el rugido de un Atlante que no solo regresó a la Primera División, sino que lo hizo para reclamar su historia. Tuvieron que pasar doce agónicos años y cuatro meses de espera para que los Potros de Hierro volvieran a saborear la gloria máxima, y lo hicieron de la forma más épica posible: humillando al campeón en su propio templo.
Desde el silbatazo inicial de esta Jornada 3, el césped se tiñó de dramatismo. Los hombres de Miguel Herrera sobrevivieron al asedio inicial del monarca y, con el corazón por delante, empezaron a galopar con una intensidad furiosa. Édgar Jiménez hizo temblar el metal con un disparo que reventó el poste, presagio de la tormenta que se avecinaba. El estallido llegó al borde del descanso: Luis Puente se elevó como un coloso para conectar un cabezazo que forzó el error de Gudiño, silenciando a la afición cementera y encendiendo la chispa de la rebelión azulgrana.
El complemento fue una auténtica montaña rusa de emociones. Calzadilla desató la locura con un misil teledirigido al ángulo tras una asistencia quirúrgica de Jhojan Julio. ¡Era el 0-2 y el Azteca no daba crédito! Cruz Azul, herido en su orgullo, respondió con la furia de un gigante acorralado; aunque un gol de Ebere fue ahogado por el fuera de juego, la insistencia tuvo premio al minuto 60 cuando Ibáñez venció a Jiménez en un duelo de voluntades. La tensión se cortaba con un hilo: el arquero atlantista se convirtió en héroe al sacar un remate a quemarropa que parecía el empate cantado.
Pero el destino aún guardaba giros crueles. Una falta de Ditta en el área obligó al juez a consultar el oráculo del VAR: penal y sentencia para el zaguero colombiano. El ecuatoriano Jhojan Julio, con nervios de acero, engañó por completo a Gudiño desde los once pasos, sellando una ventaja que parecía definitiva.
Los minutos finales fueron un poema al suspenso. La Máquina se lanzó al abordaje final y el drama llegó al paroxismo cuando el "Toro" Fernández tuvo en sus botas el gol desde el punto penal, pero Óscar Jiménez, en una intervención divina, le arrebató el grito de gol. En el último suspiro, Palavecino logró el 2-3 que solo sirvió para decorar el marcador. El silbatazo final decretó el fin de una era para Cruz Azul y el renacimiento legendario de un Atlante que galopa de nuevo entre los grandes.
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Gerardo García Gamas
Apasionado de la fotografía .



