Villahermosa, Tabasco.- El reloj marcaba apenas las dos de la madrugada de este domingo 18 de enero cuando el silencio de la ranchería Río Viejo, primera sección, se hizo añicos con un estruendo digno del Apocalipsis. Lo que siguió fue horas de terror, pánico y desesperación que ha dejado a decenas de familias sumidas en la incertidumbre y con sus hogares convertidos en escombros.
La explosión de dos pipas de gas LP y dos cisternas de hidrocarburos en un taller mecánico desató un infierno que iluminó el cielo nocturno y se clavó en la memoria de los vecinos. "Fue espantoso, pensamos que íbamos a morir quemados, todos llorábamos", relató con la voz rota y temblorosa Liliana, una de las testigos que, aún en shock, narró los momentos de terror.
Los gritos de auxilio se mezclaban con el crepitar de las llamas. En medio de la confusión, la gente intentaba escapar por donde fuera. "Unos se cruzaron por la azotea, un señor se cayó porque se brincó de la casa de un vecino, yo lo reanimé", cuenta Liliana, reviviendo el caos de una madrugada donde la supervivencia fue el único instinto. Los ancianos y los niños eran las víctimas más vulnerables, dificultando la huida de sus familiares. "Los ancianos, los niños no podían salir y llorábamos por sacarlos", lamentó la vecina.
Daños incontables y Grito de Auxilio sin Respuesta
El saldo material es devastador. Decenas de hogares han sufrido daños, algunos de forma irremediable, además de los 13 vehículos, incluyendo pipas, que fueron devorados por el fuego. Pero más allá de los ladrillos rotos y los bienes perdidos, lo que más duele es la incertidumbre que carcome a las familias afectadas.
Hay incontables daños en su propiedad, y decenas de hogares e indicó que tiene incertidumbre por no saber quién se hará responsable de los hechos productos de la explosión, la preocupación es palpable y el temor a la desatención las agobia. "¿Quién se hará responsables? Ojalá que ya se quite ese problema del gas, ya son muchas cosas que pasan", implora Liliana, haciendo eco del sentir colectivo que exige a las autoridades una solución de fondo y la prohibición de actividades de la gasera tan cercanas a las viviendas.
Ante la magnitud del siniestro, la movilización de los tres niveles de gobierno fue inmediata. Bomberos, Protección Civil, la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) y la Guardia Nacional trabajaron de forma coordinada para controlar el fuego, utilizando cerca de 60 mil litros de agua.
El director de Bomberos del Gobierno del Estado, Miguel May, confirmó el reporte de dos personas lesionadas a consecuencia de la explosión. El gobernador de Tabasco, Javier May Rodríguez, comunicó a través de sus redes sociales la activación del Instituto de Protección Civil del Estado de Tabasco (IPCET) y las fuerzas del orden.
La noticia más reconfortante es que no se reportaron víctimas mortales, un milagro en medio de la catástrofe. El incendio fue controlado y la zona permanece bajo resguardo, mientras que la Fiscalía General del Estado ha abierto una carpeta de investigación para esclarecer las causas del siniestro y, sobre todo, deslindar responsabilidades.
Sin embargo, a pesar de las acciones tomadas, para los habitantes de Río Viejo, la explosión no es solo una nota roja, sino una herida abierta. Es un recordatorio dramático de que la tranquilidad de sus vidas pende de un hilo y que, mientras el origen de la explosión sigue siendo desconocido, su mayor angustia es quién les devolverá la paz y sus hogares.








