
Reconocen Sheinbaum e IMSS carencias, culpan a burocracia
Terminan por admitir el colapso operativo y el desabasto
En una admisión que deja al descubierto la profunda crisis del sistema de salud pública en México, tanto la presidenta Claudia Sheinbaum como las autoridades del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) se vieron obligadas a reconocer el desabasto crítico de medicamentos, la falta de insumos básicos y el severo déficit de personal que sofocan a los hospitales y unidades médicas del país.
Durante su gira por Yucatán, la mandataria intentó matizar el desabasto atribuyéndolo a tramas burocráticas e ineficiencias en la distribución centralizada. “A veces están en el almacén los medicamentos y no llegan a los hospitales”, argumentó Sheinbaum, señalando que buscará “simplificar los procesos”. Sin embargo, la brecha entre la logística oficial y la realidad diaria que enfrentan pacientes y médicos revela un problema estructural que va más allá del papeleo administrativo.
Cuestionada sobre la continuidad de Zoé Robledo al frente de la institución, la presidenta evadió definir su respaldo directo y optó por desviar la atención hacia la negociación laboral en curso: “Ahora hay que resolver el asunto del aumento salarial y de algunas demandas que tienen los médicos”, afirmó, en medio de la creciente presión social.
Paralelamente, los números del propio instituto desmintieron cualquier narrativa de control. A través del programa “Piso por Piso”, el IMSS reconoció la existencia de 7 mil 474 necesidades urgentes de equipamiento médico, mobiliario e insumos en 166 de sus 277 hospitales. De ese total, más de 3 mil 100 fueron catalogadas como de “prioridad alta”, abarcando desde la falta de monitores de signos vitales, camillas y bombas de infusión, hasta desabasto elemental de agujas, jeringas y tiras reactivas.
El diagnóstico oficial expone además el deterioro de las instalaciones físicas —con fallas críticas en climatización, baños, tomas de oxígeno y suministro de agua— e identifica 385 requerimientos sin cubrir de personal médico, de enfermería y camilleros, situando la crisis en un escenario de sobrecarga extrema para quienes sostienen el servicio diario.
Esta ola de deficiencias admitidas coincide plenamente con las protestas de los trabajadores de la salud en 24 estados del país, quienes han tomado las calles para exigir un incremento salarial del 10% y denunciar que laboran en condiciones precarias e insostenibles. La inconformidad se intensificó tras el rechazo masivo de la base trabajadora a la propuesta inicial del 2.9% de aumento.
Pese a las promesas del Ejecutivo de ofrecer un informe en la conferencia matutina y las mesas de diálogo con la dirigencia sindical, los trabajadores denuncian marginación en las conversaciones y la ausencia de soluciones concretas, dejando en evidencia que el reconocimiento del desabasto por parte del Gobierno aún está lejos de traducirse en una atención digna y oportuna para la población.
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Ricardo Iván Marín
Crítico, analista, preocupado por el presente que desarrollará el futuro
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