
Recula Infantino en la FIFA en plan de venta
Oposición de Federaciones echaron de Europa y Centroamérica para atrás propuesta de Infantino
Lo que se presentaba como una revolucionaria inyección de capital privado para el fútbol mundial terminó convirtiéndose en un campo de batalla político. La propuesta de Gianni Infantino de externalizar la gestión comercial de la Copa del Mundo a través de una filial privada ha sido retirada, marcando un punto de inflexión en la gobernanza de la FIFA ante el rechazo frontal de los principales actores del deporte.
"Tras escuchar atentamente todas las opiniones, ha quedado claro que el proyecto ha generado divisiones de tal índole que... ya no favorecen el objetivo planteado inicialmente", admitió Infantino, reconociendo implícitamente que el costo de la fractura política superaba con creces los beneficios financieros proyectados.
El factor determinante en el repliegue de Zúrich no fue la falta de fondos —la oferta contemplaba miles de millones de dólares por un 20% de participación—, sino la presión estratégica de la UEFA. La confederación europea, bajo la amenaza de un boicot total a las competiciones internacionales, lideró una oposición que veía en la privatización una pérdida de soberanía deportiva y un riesgo para el modelo tradicional de ingresos. A este bloque se sumó la Concacaf y figuras históricas que cuestionaron la opacidad de los posibles inversores, entre los que figuraban vínculos con el entorno político de Jared Kushner.
Este conflicto de intereses reveló una FIFA incapaz de imponer su visión mercantilista frente a confederaciones que, por primera vez en años, actuaron como un contrapeso real. La iniciativa, bautizada como FIFA Forward Enterprise, pretendía fortalecer a las asociaciones miembro en países en desarrollo, pero su estructura de gestión privada fue percibida como una amenaza a la equidad y el control federativo.
Con la propuesta formalmente descartada, Infantino busca ahora reconstruir los puentes dinamitados. El desenlace subraya una realidad ineludible: el crecimiento del fútbol no podrá darse bajo modelos de imposición corporativa, sino que requiere un consenso diplomático que Zúrich, en esta ocasión, no logró construir. La intención declarada del presidente de "reunir a todas las partes" en las próximas semanas no es solo un gesto de cortesía, sino una necesidad de supervivencia política para mantener la unidad de un deporte que se asomó al abismo de la ruptura institucional.
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Gerardo García Gamas
Apasionado de la fotografía .



