
Denuncian abuso sexual de militares mexicanos a joven estadounidense de 16 años
Madre de menor ha iniciado una denuncia para ubicar a los responsables en Tamaulipas
Nuevo Laredo, Tamaulipas.— Un escalofriante manto de terror e impunidad cubre la frontera, sumando un nuevo y brutal capítulo a la lista de abusos cometidos por elementos del Ejército Mexicano. Jenny Lynn, una joven estadounidense de tan solo 16 años, fue víctima de una agresión sexual y un asalto por parte de, al menos, diez militares, en un acto de salvajismo que ha conmocionado a la comunidad.
La pesadilla se desató en una brecha oculta en el kilómetro 19 de la carretera a Piedras Negras. Jenny y su amiga Yamileth caminaban hacia el rancho "El Coral" para llevar comida al abuelo de esta última. Tras ser dejadas por un trailero, su camino a pie se convirtió en una trampa mortal cuando dos camionetas y un camión blindado, ocupados por soldados, aparecieron en el horizonte.
"Vimos que venían los soldados y como íbamos en el monte nos dio mucho miedo y corrimos, solamente me alcanzaron a mí", relató la víctima.
Lo que siguió fue un acto de crueldad inimaginable. La adolescente fue perseguida y acorralada en el monte. A pesar de que la joven se encontraba en su periodo menstrual, los militares actuaron con una brutalidad desmedida. "Me desnudaron y me violaron, eran 10 soldados, no les importó que yo estaba en mi periodo menstrual, ellos abusaron sexualmente de mí", confesó entre lágrimas la joven, ciudadana estadounidense que reside en Nuevo Laredo con su madre, Samantha.
Jenny Lynn no solo fue agredida sexualmente, sino que fue golpeada, amenazada de muerte y despojada de su teléfono celular y su bolso con 150 pesos, para luego ser abandonada a su suerte en un estado de absoluta vulnerabilidad.
Los agresores huyeron impunemente tras amenazar a la víctima para que guardara silencio. Con una fuerza sobrehumana, la joven logró arrastrarse hasta la carretera, donde un automovilista la auxilió, poniendo fin al tormento físico, pero no al emocional.
Samantha, la madre de Jenny y también ciudadana estadounidense, ha iniciado de inmediato acciones legales, pero la esperanza de justicia pende de un hilo. La madre ha elevado una solicitud pública y urgente de intervención al Consulado General de Estados Unidos en Nuevo Laredo.
La clave de la investigación yace en un detalle aterrador que la víctima logró retener en medio del horror: el uniforme de uno de los agresores portaba la insignia de "Cabo Juan". Un nombre, una pista solitaria, contra el muro de la impunidad militar.
Este execrable caso no solo destapa el abuso de poder, sino que pone en la mira la falla sistémica de los protocolos de las fuerzas armadas en zonas fronterizas, donde delitos de género cometidos por quienes deberían proteger, vulneran gravemente los tratados internacionales de protección a la infancia. La pregunta que clama al cielo es: ¿Hasta cuándo el horror militar será sinónimo de impunidad en la frontera?
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Alejandra Peralta .
Mexicana de 28 años. Me gusta la lectura, viajar y disfrutar de la vida.
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