VILLAHERMOSA, TABASCO.- El silencio de la noche en el Centro Histórico se rompió anoche con una ráfaga de balas, tiñendo de sangre la fachada del popular bar "Zaratoga", ubicado en la calle General Ignacio Zaragoza. Un masculino, cuya identidad aún no ha sido revelada por las autoridades, fue ejecutado a sangre fría justo a las afueras del establecimiento, en un nuevo y escalofriante capítulo de violencia que azota la vida nocturna de la capital.
Testigos presenciales, paralizados por el pánico, narraron cómo sujetos armados, actuando con la audacia y precisión de sicarios, abrieron fuego contra su víctima para luego desvanecerse en la oscuridad. El cuerpo quedó tendido sobre el pavimento, un macabro recordatorio de la impunidad con la que operan los grupos criminales.
Elementos de la Policía Estatal acordonaron la zona, transformando la concurrida calle en una escena del crimen vigilada. Peritos de la Fiscalía General del Estado (FGE) se hicieron presentes para iniciar las diligencias, levantando casquillos y buscando pistas que ayuden a desentrañar este nuevo homicidio.
OTRA EJECUCIÓN VIOLENTA: UN TAXISTA EN CÁRDENAS
El terror no se limitó a la capital. De manera casi simultánea, la violencia criminal se manifestó en el municipio de Cárdenas, donde un taxista fue brutalmente ejecutado. Los reportes indican que sujetos armados interceptaron a la víctima y abrieron fuego, dejando el cuerpo sin vida dentro de su unidad.
Este nuevo episodio de violencia, que parece extenderse por toda la geografía tabasqueña, subraya la escalada de inseguridad que vive el estado.
LA TERCERA VÍCTIMA FATAL EN EL EPICENTRO NOCTURNO
Este brutal ataque en Villahermosa no es un incidente aislado. Fuentes extraoficiales y el historial reciente de violencia señalan que la víctima de anoche en el "Zaratoga" se convierte, trágicamente, en la tercera persona ejecutada en circunstancias similares en bares o inmediaciones de la zona Centro de Villahermosa en lo que va del año.
La recurrencia de estos crímenes en el corazón de la ciudad ha encendido las alarmas y generado una atmósfera de terror e incertidumbre entre comerciantes y visitantes. El modus operandi, consistente en ataques directos y la rápida huida de los agresores, apunta a un ajuste de cuentas o una pugna entre grupos criminales que han elegido los establecimientos nocturnos como sus nuevos campos de batalla.
Las autoridades mantienen un hermetismo absoluto sobre el móvil del crimen, mientras la sociedad exige resultados y una estrategia efectiva que logre devolver la tranquilidad a un Centro Histórico que se ha convertido en una zona de alto riesgo al caer la noche. La impunidad sigue siendo la sombra más larga sobre las calles de Villahermosa.








