La reciente privación de la libertad de la influencer Nicole Pardo Molina, conocida como Nicholette, en Culiacán, Sinaloa, no solo ha conmocionado a la sociedad, sino que ha puesto de relieve una preocupante y peligrosa tendencia: la instrumentalización de figuras de redes sociales por parte de cárteles del narcotráfico para enviar mensajes y operar en territorios dominados por el crimen organizado.
El caso de Nicholette, secuestrada el 20 de enero y cuya presunta "prueba de vida" fue un video donde, visiblemente bajo presión, leía un mensaje que la vinculaba con la facción de "Los Mayos", ilustra cómo estos personajes, con miles de seguidores, son forzados o cooptados para convertirse en involuntarios voceros o colaboradores de las redes criminales.
Sinaloa, cuna de uno de los cárteles más poderosos del mundo, se ha convertido en un escenario donde la línea entre la fama digital y el peligro criminal se difumina. Las acusaciones que surgieron tras la difusión del video de Nicholette, señalando que era obligada a leer el mensaje, refuerzan la tesis de que los influencers son utilizados como una herramienta de comunicación en la guerra entre grupos antagónicos.
Fuentes de seguridad y análisis sobre el narcotráfico señalan que la popularidad de estas personas en redes sociales (TikTok, Instagram, YouTube) les otorga una plataforma inigualable para difundir narrativas específicas, sembrar terror, o desinformar a la población, acciones que los cárteles aprovechan para sus propios fines. En ocasiones, la relación se establece por coacción; en otras, se especula sobre la existencia de nexos económicos y la seducción del dinero ilícito.
El riesgo para los jóvenes que alcanzan notoriedad en estas zonas es extremo. Al convertirse en piezas dentro del tablero del crimen organizado, ya sea por elección o bajo amenaza, pasan a ser objetivos legítimos para los cárteles rivales. Trágicamente, esta peligrosa relación ha cobrado la vida de varios de estos jóvenes en años recientes, cuyas historias se suman a la larga lista de víctimas colaterales de la violencia del narcotráfico.
Mientras las autoridades, como la Comisión Estatal de Búsqueda de Personas y la Secretaría de la Defensa Nacional, continúan el operativo para dar con el paradero de Nicole Pardo Molina, su caso sirve como un doloroso recordatorio del alto precio que puede costar la fama digital en territorios donde el narcotráfico impone su ley. La cooptación de influencers es una estrategia que expone la penetración del crimen organizado en todos los estratos de la sociedad, utilizando incluso la modernidad de las redes sociales para librar sus batallas.








