Punta Cana, República Dominicana - La figura de Julio Iglesias, ícono de la canción romántica, se desmorona ante un escalofriante reportaje de investigación publicado por elDiario.es y Univisión Noticias. El cantante ha sido señalado por múltiples extrabajadoras del servicio doméstico, quienes lo acusan de haber perpetrado un sistema de agresiones sexuales, abusos y vejaciones en sus residencias del Caribe, revelando una oscura realidad que lo equipara a un 'Jeffrey Epstein hispano' por el patrón de poder, control y victimización.
Los testimonios, recopilados a lo largo de tres años de investigación, dibujan una estructura de terror en la mansión de Punta Cana, donde la servidumbre operaba bajo una estricta jerarquía que facilitaba los abusos del artista. Las mujeres, jóvenes de entre 20 y 30 años, eran contratadas no por su experiencia, sino, según el escrito, tras ser evaluadas por su físico.
Aislamiento, Coerción y Abuso Nocturno
Las denunciantes describen un entorno de "aislamiento, control y dependencia" donde las agresiones sexuales eran sistemáticas.
Una de las mujeres, bajo el nombre ficticio de Rebeca, relató con desgarro el calvario de ser llamada a la habitación del cantante hasta cinco noches por semana: "Yo comenzaba a trabajar a las ocho de la mañana y acababa a las once de la noche. De ahí me llamaban a la habitación (del cantante) y salía a las doce o a la una para ir a mi habitación a dormir".
Otra empleada fue aún más explícita sobre la frecuencia y la naturaleza de las agresiones: "Me usaba casi todas las noches", declarando haber sufrido penetraciones, bofetadas y violencia verbal. “Me sentía como un objeto, como una esclava”, confesó.
La clave de este sistema de abuso era la coerción. Según los testimonios, las empleadas de mayor rango en la casa actuaban como ejecutoras de las órdenes del cantante, presionando a las trabajadoras novatas para que acudieran a su habitación. "Te sientes obligada a hacerlo. (...) Era algo que él te forzaba a hacer. Generaba como un poder en ti, de que tú lo tenías que hacer sí o sí”, explicó Rebeca. Solo "descansaban" cuando la esposa del cantante o "alguna otra señorita" estaba presente.
Humillación y Servicios Degradantes
La humillación era la moneda corriente si alguna se negaba. El trato degradante se multiplicaba, evidenciando el absoluto control de Iglesias sobre la vida de estas mujeres.
El testimonio de una fisioterapeuta, catalogada como "señorita" en la estructura jerárquica, es especialmente crudo. Contó el trato vejatorio constante y cómo, durante un ataque de ciática del artista, fue forzada a realizar actos sexuales degradantes durante horas. “(Una noche) me tuvo durante horas pasándole la lengua por el ano y chupándole el pit* para calmarlo porque él sentía mucho dolor y eso lo calmaba. Pasé casi toda la madrugada chupándole sus partes. Cuando yo paraba o me quedaba dormida, él me jalaba la cabeza como para que siguiera”**, confesó. Tras conseguir huir de la mansión, esta mujer fue diagnosticada con ansiedad y depresión agravada.
El patrón de control se extendía a todos los aspectos de sus vidas: Iglesias controlaba su forma de comer, de vestir y sus horarios de sueño, además de humillarlas e insultarlas constantemente.
A sus 77 años, el cantante, quien también cuestionaba a las aspirantes sobre hijos o cirugías estéticas antes de contratarlas, se enfrenta a la sombra de estas graves acusaciones que destrozan su imagen pública y exigen justicia para las víctimas de su presunto sistema de explotación.








