
Logra México triunfo histórico en debut mundialista
Victoria agridulce por protestas en el pais
El Estadio Ciudad de México despertó de un largo letargo para reencontrarse con su alma de coloso, recordando aquellos días en que, bajo el nombre de Estadio Azteca, se convirtió en leyenda. En su tercera cita con la historia mundialista, el recinto no solo vibró; rugió desde sus cimientos, abrazando a una nación que contenía el aliento.
La Selección Mexicana inauguró la Copa del Mundo 2026 con un triunfo de 2-0 sobre Sudáfrica, una victoria que supo a alivio y a esperanza. Fue el fin de una amarga sequía en duelos inaugurales y el despertar de una ilusión que latía contenida en el pecho de 180 millones de mexicanos, todos ellos hoy representados por once guerreros sobre el césped.
Casi 81 mil almas insuflaron vida a un Coloso de Santa Úrsula que parecía rejuvenecer con cada grito, con cada latido compartido. Sin embargo, detrás de la fiesta en las gradas, el fútbol nos recordó que la gloria es caprichosa. Aunque el ambiente era de ensueño, por momentos el juego colectivo se nubló, perdiéndose en imprecisiones que incluso provocaron algunos silbidos, ese recordatorio honesto de que la afición siempre espera la perfección.
El punto de inflexión llegó al minuto 49, cuando la expulsión de Sphephelo Sithole por una falta desesperada sobre Brian Gutiérrez reavivó la llama en la tribuna. Pero fue Raúl Jiménez quien convirtió el estruendo en llanto de alegría. Al empujar ese balón al fondo de la red tras un centro de Roberto Alvarado, el "Lobo" no solo rompió su propia sequía; le gritó al cielo, dedicando el momento a su padre con una emoción que lo desbordó hasta las lágrimas.
A pesar del éxtasis, el partido nos dejó lecciones teñidas de amargura. La ventaja numérica tras la segunda expulsión sudafricana, la de Themba Zwane al 84, no fue aprovechada para ampliar un marcador que la grada exigía con ansia. La impaciencia se hizo sentir, y esa sensación de "pudo ser más" quedó flotando en el aire húmedo de la capital.
El cierre del encuentro nos devolvió a la tierra de golpe. La tarjeta roja a César Montes en el tiempo agregado fue un recordatorio de la fragilidad del control; un error que empañó ligeramente el festejo y nos dejó con el sabor agridulce de saber que, aunque ganamos, todavía hay heridas que sanar en el funcionamiento colectivo.
México se impone en su debut y se queda con los tres puntos, pero se lleva también una maleta llena de reflexiones. El camino hacia Guadalajara para enfrentar a Corea del Sur está trazado, y aunque la alegría es innegable, el equipo sabe que para hacer historia no basta con ganar, hay que aprender de las fallas bajo presión.
El primer paso está dado. La Selección vibra, sufre y crece junto a su gente. En esta travesía mundialista donde el anhelo es la trascendencia eterna, hoy México aprendió que la victoria es dulce, pero el crecimiento tras el error es lo que forja a los campeones.
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Gerardo García Gamas
Apasionado de la fotografía .



