La jornada violenta que sacudió a Michoacán también se repitió en Veracruz este sábado, el estado fue escenario de una racha de crímenes que desangró a cuatro familias y dejó al descubierto la fragilidad de la paz.
El amanecer trajo consigo el estampido de la pólvora en Cuichapa, en un camino de terracería que se convirtió en escenario de guerra. En la comunidad Las Brisas, un enfrentamiento entre civiles armados y fuerzas del orden terminó con un hombre abatido y la detención de otros dos, en medio de la confusión y el terror que se apoderó de la madrugada. El arsenal incautado es un mudo testigo de la barbarie que se gestaba en la tranquilidad rural.
Pero el horror no se detuvo allí. Como si de una plaga se tratara, la muerte viajó a lo largo del estado. En Tecolutla, en la apacible zona costera de Casitas, la vida de Rubén fue arrebatada por las balas, justo en las cercanías de su hogar, en un acto de ejecución que paralizó a la colonia El Aguacate.
San Rafael también fue testigo del dolor. En Potrero Nuevo, Pedro Hernández Aparicio, un campesino, cayó sin vida tras recibir al menos tres disparos, silenciando el campo y sumiendo a la comunidad en la impotencia.
El día cerró con un final escalofriante en Tuxpan. La noche se tragó la vida de una mujer, asesinada a balazos en un motel, un acto atroz que dejó una mancha de sangre en el libramiento Adolfo López Mateos.
Cuatro vidas truncadas, dos detenidos en medio de la refriega, y un arsenal asegurado. Este es el saldo de un sábado que ha sembrado el miedo y la indignación. Las corporaciones de seguridad activaron sus dispositivos.








