La tarde de este 28 de febrero, la barbarie hizo una nueva exhibición en la colonia La Manga Uno de Villahermosa, demostrando una vez más que la violencia no conoce de géneros ni respeta la juventud.
Un grito ahogado. El sonido seco de las detonaciones rasgó el silencio de la esquina con la calle 10. La tranquilidad se hizo añicos, reemplazada por el eco de la agresión que dejó a una joven tirada en el suelo, víctima de un ataque a balazos perpetrado por manos anónimas.
Allí, sobre la fría banqueta, el cuerpo herido de la muchacha yacía inerte, su cabeza apoyada contra una reja blanca como un último y frágil consuelo. La mancha de sangre sobre su ropa clara, a la altura de una pierna, era el mudo y desgarrador testimonio de la saña desmedida. Los curiosos se agolparon, susurrando el terror, que afortunadamente no causó más estragos.
Los testigos, sumidos en la conmoción y el miedo, solo pudieron ofrecer el vacío de su ignorancia: desconocían la identidad de los atacantes, la sombra que se cernió sobre la joven. La policía y los paramédicos llegaron a la escena. Los casquillos esparcidos en el asfalto hablaban de la intensidad del ataque. La joven fue rescatada del pavimento y trasladada de urgencia a un hospital, en una desesperada carrera contra el destino.
Lo que se reporta como un "intento de ejecución" en la Calle 10 de La Manga I es un escalofriante recordatorio: nadie está a salvo. La violencia de la calle golpea sin distinción, y hoy, la víctima fue una mujer, cuyo único delito fue estar en el lugar equivocado en el momento preciso para convertirse en el blanco de una agresión cuyo móvil sigue siendo un aterrador misterio.







