Después de 47 años de una prohibición de facto, meses de debates y en un contexto que sigue a las mayores protestas desde la fundación de la República Islámica, el gobierno de Irán ha aprobado un decreto que finalmente permite a las mujeres obtener permisos de conducir motocicletas.
El vicepresidente primero de Irán, Mohamad Reza Aref, firmó el decreto que "ordena a la Policía de la República Islámica emitir permisos de conducir para mujeres", según informó la agencia ISNA.
Esta medida surge tras una larga controversia sobre la legalidad de que las mujeres conduzcan motos, una práctica que, aunque ilegal, ya era común.
El decreto establece que la Policía no solo deberá expedir las licencias, sino también encargarse de la formación y los exámenes de las aspirantes a conductoras.
La razón oficial de la anterior "prohibición" radicaba en el artículo 20 de la Ley de Tráfico iraní, que solo mencionaba a "hombres" en el apartado de permisos de conducción de motocicletas. Esto había llevado a las autoridades a abstenerse de emitir licencias a mujeres hasta la fecha.
La vicepresidenta iraní para Asuntos de la Mujer y la Familia, Zahra Behrouz-Azar, había anticipado el cambio. Explicó que las mujeres deberán asistir a cursos que serán impartidos por otras mujeres y, en caso de necesidad, por hombres, siempre bajo el estricto cumplimiento de las normas religiosas e islámicas.
La aprobación de esta medida se da después de las protestas más intensas en la historia de la República Islámica, que inicialmente estallaron por problemas económicos a finales de diciembre y escalaron a peticiones para poner fin al sistema político establecido por el ayatolá Ruholá Jomeiní en 1979.
El balance oficial de estas protestas es de 3,117 muertos. Sin embargo, ONG opositoras como HRANA, con sede en EE. UU., elevan la cifra a 6,842 fallecidos, investigan otros 11,000 posibles homicidios y reportan más de 40,000 arrestos.
En su informe anual, Human Rights Watch denunció que, a pesar de avances como este, las mujeres y niñas en la República Islámica continúan siendo objeto de grave discriminación y violencia. Las leyes iraníes les niegan derechos de igualdad con los hombres en ámbitos como el matrimonio, el divorcio, la herencia y la custodia de los hijos, relegándolas a una condición de ciudadanas de segunda clase.








