
En una noche cargada de mística en Atlanta, Argentina demostró por qué es el actual monarca del fútbol. La Albiceleste, con el corazón en la mano, logró una remontada épica para vencer 2-1 a Inglaterra y sellar su pasaporte a la gran final en Nueva York.
Tras el gol de Anthony Gordon al minuto 55, el drama se apoderó del estadio; los ingleses se replegaron, intentando contener un vendaval que parecía inevitable. Fue entonces cuando emergió la figura infinita de Lionel Messi. A sus 39 años, el "10" desafió al tiempo y al destino, asumiendo el control absoluto del juego en un cierre de partido no apto para cardíacos.
La tensión se rompió al minuto 86, cuando Messi, atrayendo a toda la defensa inglesa, filtró un pase preciso para que Enzo Fernández sacara un misil que puso el empate y revivió el sueño.
Pero el destino guardaba un último acto de magia: en el tiempo de compensación (90'+2'), Messi desbordó por la banda y lanzó un centro quirúrgico que Lautaro Martínez conectó de cabeza para desatar la locura total. La banca entera corrió a abrazar a su capitán, el guía que los lleva a su tercera final en las últimas cuatro ediciones. Ahora, el 19 de julio, el mundo se detendrá para ver el choque de potencias: la Argentina de Messi contra la España del joven heredero, Lamine Yamal.
Únete a nuestro canal de WhatsApp
Recibe las noticias más importantes directo en tu celular

Gerardo García Gamas
Apasionado de la fotografía .



