La vida de Saleh Mohammadi, un joven campeón de lucha de solo 19 años, pende de un hilo en Irán. Una sombra de injusticia yace sobre su cabeza, pues ha sido condenado a muerte en un juicio envuelto en la oscuridad, acusado de estar implicado en la muerte de un agente de policía durante una protesta.
El destino del luchador internacional se ha sellado con la sentencia de un tribunal iraní que afirma haberlo visto en un grupo que lanzó cócteles molotov contra fuerzas de seguridad en la Plaza Nabutov de Qom. Ahora, aislado y a la espera, Saleh se enfrenta a una inminente horca en esa misma plaza, un acto que las autoridades justifican con unas "confesiones obtenidas durante el interrogatorio".
El agente fallecido, Mohammad Ghasemi Homapour, de la Unidad Especial Farajah, pereció a causa de "golpes de arma blanca y espada" tras caer de su motocicleta. El tribunal apunta al joven luchador, atribuyendo la herida mortal a un supuesto cuchillo que Mohammadi llevaba, una acusación que se sostiene, según el régimen, en las mencionadas "confesiones".
Sin embargo, la verdad que clama Saleh Mohammadi es otra: él niega rotundamente la acusación de asesinato y denuncia que su confesión fue arrancada bajo coacción. Los medios anglosajones se hacen eco de su desgarrador testimonio. Su rostro no aparece en las cámaras de vigilancia y una ola de apoyo, desde luchadores y entrenadores hasta compañeros de la selección nacional, testifica que Saleh no portaba arma alguna. Amigos y familiares sostienen, además, que el joven deportista se encontraba en casa de su tío cuando ocurrió el incidente.
Esta condena se suma al macabro historial del régimen. En un periodo de menos de diez días, la represión iraní ha silenciado a más de una treintena de deportistas a lo largo y ancho del país, todos ellos abatidos a tiros. Entre estas víctimas se encontraban promesas juveniles, campeones nacionales, entrenadores respetados y árbitros internacionales. El más joven de ellos no superaba los 15 años. El dolor y la incertidumbre azotan a las familias, muchas de las cuales continúan buscando a sus seres queridos sin obtener respuestas ni justicia.
Ante esta ola de ejecuciones, la comunidad internacional alza la voz. Desde Estados Unidos, el Departamento de Estado ha denunciado la masacre y ha instado al régimen iraní a detener la ejecución de Saleh Mohammadi y de todos aquellos condenados a muerte por ejercer sus derechos fundamentales. "El régimen de la República Islámica de Irán está masacrando a jóvenes y destruyendo el futuro de Irán", han declarado.
Sardar Pashaei, luchador grecorromano iraní-estadounidense, ha llevado la denuncia a los medios, lamentando que mientras muchos deportistas siguen desaparecidos, encarcelados o bajo riesgo de tortura y ejecución, la barbarie continúa sin tregua.








