Una historia de terror y vulnerabilidad ha estremecido a Chiapas. Durante meses, una niña del ejido Francisco Sarabia, en Soyaló, vivió un calvario en silencio, bajo el mismo techo que su agresor. La terrible verdad salió a la luz de la forma más dolorosa: un embarazo de 20 semanas.
Acompañada de su madre, la menor llegó al Hospital Básico Comunitario de Bochil, donde el personal médico confirmó lo inimaginable: la niña había sido víctima de abuso sexual continuado, presuntamente a manos de su propio padrastro. El miedo la había silenciado, pero el avanzado estado de gestación rompió el muro del secreto, activando de inmediato los protocolos de emergencia.
El Fiscal Jorge Luis Llaven Abarca informó la apertura de una carpeta de investigación por pederastia agravada. Tras liberar una orden de aprehensión, Rubisel de Jesús “N”, el padrastro y presunto agresor, fue detenido en Soyaló.
Ahora, este hombre enfrenta la justicia. De comprobarse su responsabilidad, podría recibir una pena de hasta 50 años de prisión. Una condena severa, pero que jamás podrá borrar el daño físico y emocional infligido a la menor, quien, debido a su avanzado embarazo, no tuvo la opción de abortar.
Las autoridades han asegurado que la niña recibe atención médica especializada y acompañamiento psicológico en coordinación con la Secretaría de Salud del Estado, buscando proteger su bienestar físico y emocional. Este trágico suceso, aunque coincide con una disminución en los delitos sexuales en Chiapas, es un recordatorio escalofriante de la persistente y cruel realidad que viven miles de niñas en México, obligadas a convivir bajo el mismo techo que su abusador.
“Actuamos con contundencia ante delitos en agravio de niñas, adolescentes y mujeres”, enfatizó el Fiscal Llaven Abarca, prometiendo mano firme contra la impunidad en casos que laceran el tejido social.








